Si yo fuera un cuento

Mariana encuentra trozos de cuentos por la ciudad. Ella los pesca con cuerdas y los atrapa en su libreta para que no se vayan volando. Al llegar a casa, deja que las historias germinen poco a poco y se unan con otras ideas. Un día, abre el nido para dejar que vuelen sobre la mesa de trabajo. Con ayuda de sus pinceles, crayones y trozos de papel vivo; une, cose y remacha las ideas, hasta hacerlas funcionar.

Si todo sale bien, la historia despierta en la noche y toma una bicicleta para ir a instalarse en unas páginas blancas, para que los niños cronopios, famas y esperanzas, las lean antes de dormir. Pero algunas veces, las historias mas aventureras tienen ganas de viajar, entonces usan una botella para atravesar el océano y llegar a tierras desconocidas a contar su travesía, de ida y vuelta.